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Esquel y vos :De Daniel Galatro

NO ES CUESTION DE MARKETING NI DE CONGRESOS


¿Qué elegimos para nuestra vida?
Por Eduardo Juan Salleras, 10 de septiembre de 2013.-
Se autoriza su publicación solamente en forma completa y nombrando la fuente

En pocos días comenzará la primavera y con ella un cierto cambio de ánimo en la gente, particularmente en los jóvenes, al menos aquellos que son conscientes del suceso.
Porque siempre hay novedades en la naturaleza, dejando lo desfavorable a un lado, permanentemente pasan cosas buenas, muchas de ellas ocurren junto a lo negativo, quedándonos con esto sin notar siquiera lo positivo, lo bonito, lo que nos renovaría el ánimo para bien.
Asusta lo malo, y por temor o por suicidas, nos aferramos a ello, buscando frecuentemente hacerlo socio, pretendiendo justificar lo que ocurre y debe pasar si o si, como seguro que, a un costado, aguardando su oportunidad, casi siempre ignorado, transparente, esta lo bueno, compuesto de algunas cosas inmóviles, otras huidizas, esperando sustituir lo que nos apena.
Los que viven en la ciudad pierden perspectiva, distancia para ver las cosas, impidiéndoles advertir lo valioso que siempre está ahí, a la espera de ser elegido en un momento sublime o importante.
A pesar de ello, entre grises y basura, violencia y menesterosos, se hace difícil sí, pero es una cuestión de elección.
Los que vivimos en el campo tenemos nuestros problemas y muchos inmanejables, como el clima. Hoy por ejemplo vivimos una sequía importante. Entre el viento y la falta de humedad, las ricas praderas pampeanas se asemejan al desierto.
Claro, ya no se ven pasturas, aquellos verdes propios de una de las tierras más ricas del planeta.
Esta minería a cielo abierto que se hace hoy con la agricultura en el campo argentino – algunos dicen por necesidad económica y puede ser – es impulsada por las nefastas políticas productivas de los últimos 20 años y por sus socios, aquellos agitadores de ilusiones que, entre marketing y congresos, les venden el pico y la pala para expoliar nuestro suelo.
Yo recuerdo que una vez, un paisano me hizo notar como cambiaba el viento cuando pasábamos de un lote de alfalfa a un rastrojo de trigo. Esa brisa del norte se sentía fresca cuando acariciaba el verde de la leguminosa, en cambio, sofocante en el suelo quemado por el sol y el pasto seco. La verdad que era notable la diferencia.
Bueno, hoy vemos casi todo como aquel rastrojo y la falta que nos hace una brisa fresca que se deslice por las praderas verdes de la pampa húmeda.
Esto también es una elección.
Hemos optado por un campo marrón, sin molinos, sin bebidas, sin alambrados… sin animales, y los pocos que hay encerrados, hacinados, esperando su turno… sin árboles.
Aquellos suelos esponjosos, hoy a la primera lluvia se encharcan. Los ingenieros ensayan nuevas teorías, cuando la razón solamente está en una sola cosa: ¿qué elegimos para nuestra vida?
La naturaleza fue echada a un lado y aunque cada tanto se expresa, nadie le lleva demasiado el apunte, porque parece ser que el éxito no pasa por ella sino por el marketing y los congresos.
Hay cosas que llevan una vida y el que alguna vez plantó un árbol lo sabe. El monte en donde vivo fue plantado casi por completo por mis manos, y vi de niño poner cada uno de los miles de eucaliptos del boulevard, de dos kilómetros y medio de largo. Se me hace entonces muy difícil cortar una planta verde, por lo tanto para abrigarnos en el invierno, buscamos aquellas secas, muertas, y si no podar algún gajo, de una estación a otra, en especial aquellos que ponen en peligro algo si se caen. Las tormentas fuertes también dejan a nuestra disposición leña para las estufas en el próximo invierno.
Sin embargo, andando se puede ver los montes que ya no están, aquellos también que sobrevivieron hasta hoy, porque los están reduciendo a la nada, todo en pos de una hectárea más de agricultura, esa de los campos quemados por los agroquímicos, esa de la minería a cielo abierto.
Es una cuestión de elección y ser exitoso en la vida pasa solamente por ello, saber discernir: esto o aquello.
Ahora, el disfrute, ¿por cuánto tiempo lo queremos?
Parece ser que para siempre es hoy, porque mañana quien sabe.
Y nuestro contento, ¿a cuántos favorecen o cuántos perjudican?
Si aprendemos a mirar nos vamos a dar cuenta que siempre algo hay, al lado de lo que estamos mirando, probablemente distinto; siempre existe otra alternativa. La inteligencia debe distinguir no solamente entre lo bueno y lo malo, sino también cuánto durará lo conveniente.
Si a los jóvenes les enseñamos que el futuro es hoy y que mañana es el fin del mundo, y que no hay vida después de la muerte… y que no hay cielo para los que hacen las cosas bien e infierno para los malos… y que entre Dios y el diablo se resuelve todo en un partido de naipes… qué sentido tiene cumplir con las normas sociales, con las leyes naturales, con las instituciones, con la familia... con nuestra consciencia.
Si confundimos extraer con producir, creyendo que lo bueno es lo que está más a mano, o que lo malo es nuestro destino, sin atender aquello que junto a lo que nos pasa está esperando la oportunidad de mostrarnos una nueva concepción de la vida, viviremos errados con el agravante de no conocer jamás, un verdadero acierto.
No es fácil elegir lo correcto pero peor es entregarnos a cualquier cosa, por no buscarlo.
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** Visita: http://danielanibalgalatroescritor.blogspot.com.ar

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