Esquel te enamora, se incorpora a tu piel como los abrojos mismos.

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Esquel y vos :De Daniel Galatro

Café de por medio - Daniel Aníbal Galatro - Abril 10 de 2011


¡Hola, amigo! ¿Llegué antes que usted? Es que no podía dormir y me vine tempranito al café. Estaba cerrado todavía pero anduve dando unas vueltas por el barrio porque es muy lindo ver amanecer en Esquel. ¿Vio por allá justito en el este cómo va iluminándose de a poquito el horizonte y el sol se despereza detrás de las montañas para finalmente asomarse y mostrar su rostro, si las nubes lo permiten? Y la ciudad va recobrando los colores que la noche le negó, sumiéndola en una negrura que ni la Luna ni las estrellas son capaces de quebrar del todo. Sí, ya se, están las farolas con sus luces de mercurio o de lo que sea, que le dan otro atractivo, como formando constelaciones aquí en la tierra. Cada barrio, una constelación propia que se dibuja por aquí y por allá. La noche de la ciudad no es como la del campo. En el campo, a unos pocos kilómetros del centro, la noche es la noche, como lo fue siempre. Y tiene otros atractivos.
¿Anda Margarita por ahí? Ya le avisé que uno de estos días me traigo la cámara y le saco una foto. Dijo que sí, que no tenía problema. Para que la conozcan, digo. Y no sé si no le saco también una foto a usted, que me aguanta tan pacientemente cuando vengo medio "rayadito".
Ayer me tocó hacer de fotógrafo otra vez. Salí a la calle con gusto y tomé unas cuantas imágenes. Primero, el camión de entrenamiento que tuvo activos a los Bomberos Voluntarios de la city. Los muchachos se van perfeccionando continuamente, lo que hace más eficiente su labor. Realmente Esquel se tiene que sentir orgullosa, muy orgullosa, de sus bomberos. Y apoyarlos como corresponde, no solamente cuando se los necesita.
Después me dí una vuelta por el centro para fotografiar algunas esquinas y calles. Es que muchos amigos que no conocen Esquel querían ver cómo eran las casas de la ciudad. Y seguí un poco por el centro porque había salido con un objetivo más preciso: el Centro Cultural. Me enteré por la tele que había nuevo material artístico expuesto y allá fui. Y como siempre, me puse mal conmigo mismo.
¿Por qué? Porque esos pintores maravillosos me hacen sentir un perfecto inútil. Y le cuento una anécdota de mi vida.
En mi escuela marplatense, el Instituto Peralta Ramos de los Hermanos Maristas que me soportó toda la primaria y toda la secundaria - y que recuerdo con afecto especial este año porque cumplo cincuenta años de egresado - cuando llegaban las vacaciones de verano nos daban tarea para que no perdiéramos el ritmo. Hoy los chicos se dan tarea solos porque siempre les quedan materias "colgadas" para Diciembre y Febrero. Pero yo no me iba en ninguna y entonces solamente tenía que hacer el "cuaderno de vacaciones".
Mi madre no tenía paciencia ni ganas suficientes para ayudarme, no tuve hermanos, etc., la cuestión es que más de un verano lo pasé yendo a lo de la Señorita Victorina Monjeau, una maestra ya madura que también era una excelente pintora, y con ella hacía las tareas de matemáticas, las de lengua, etc. Una maravilla. Su casa era un templo de paz y me gustaba mucho ir.
Pero un año, quizá cuando yo tenía unos diez, en que terminé mucho antes las tareas de la escuela, la Señorita Victorina me propuso enseñarme a pintar con témpera. El arte no era mi fuerte y me pareció que sería una buena experiencia. Allí pinté un faro junto a unas rocas y, por supuesto, a un mar. Quedó más o menos pero, si mis hijas aún lo conservan por ahí y ningún nieto lo destruyó, tiene valor histórico porque fue el único cuadro que pinté en mi vida.
Así que cuando recorría las exposiciones del Melipal, protestaba contra mí mismo por sentirme tan inútil ante tanta belleza. Reamente me maravillaron. Seguramente Olga irá incorporando las imágenes de unas cuantas obras a la galería fotográfica de la revista.
¡Margarita! ¡Buen día! ¡Un café doble... ¿puede ser?! ¡Gracias!
Le cuento que quedé sorprendido por lo que vi. Espere un poquito... por aquí tengo un folletito que tomé de uno de los sectores. No, aquí no está... ¡Ah! Lo puse con mis documentos para no perderlo. Sí, aquí está.
Museo Austral Naif  "Primitvos Modernos". Dice que lo fundaron el 21 de Febrero de 1994 aquí en Esquel, y yo no sabía nada. ¡Es tanto lo que todavía no sé sobre Esquel! Vamos a agregar muchas notas en la Revista sobre estos temas, para que todos aprendan, comenzando por nosotros, por supuesto.
Vea... mire aquí en el folleto esta foto. El cuadro que reproduce es de Ana Randaelli y se llama "Arriba... La Trochita ya sale". ¿No es una belleza? Bien naif, por supuesto. Una fiesta para la vista y para el espíritu.
Y después de tanta pintura hermosa, una charla con la simpática persona encargada del lugar de las artesanías mapuches. Estuvimos hablando acerca de varios temas, pero ya le voy a contar en detalle. Porque el museo se quemó, como usted sabe, y todavía no se puede reconstruir porque faltan unos papeles.
¿Ve? Esas cosas me cuesta entenderlas. Esquel y Nahuel Pan se pasaron el verano sin el museo que se visita, por ejemplo, llegando en La Trochita. Y además de perder tantas cosas valiosas con el incendio, se perdieron muchas otras posibilidades con la demora. Y también me enteré de otros temas relacionados con las comunidades originarias de la Comarca.
¡Ah! Sí... por aquí, Margarita... ¿Cómo anda? ¿También trabaja los domingos? Cóbrese, por favor.
Y estuvo por casa mi amigo Juan, el profe. También conversamos sobre los orígenes de la región, pero abarcando toda la provincia. Sabe muchísimo y nos dio muy buenas pistas para que investiguemos. Y también Pety nos dijo algo sobre el Malacara...
Así que, amigo, estos días nos dedicamos a saber más sobre el lugar en el que vivimos. Eso deberían hacer todos, donde quiera que habiten, porque no se puede amar lo que no se conoce.
¿Qué voy a hacer hoy? Como casi siempre, no lo sé. Puedo tener alguna idea de lo que me gustaría hacer, pero el hombre propone y Dios dispone. Así que veremos qué nos depara el Jefe. Seguramente será lo mejor.
¿Nos vemos mañana? Tampoco puedo asegurarlo, pero le prometo intentarlo, o pasado, o repasado, como decía mi tío Miguel.
¡Chau, Margarita! ¡Que lo pase bien amigo!
Espere que me hago el Silvio Soldán por un momento: ¡Feliz domingo para todos!
Chau.

Daniel Aníbal Galatro
dgalatrog@hotmail.com

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